Grande

sábado, 20 de diciembre de 2014

Just like the others.


Travis Bickle: I would say he has quite a few problems. His energy seems to go in the wrong places. When I walked in and I saw you two sitting there, I could just tell by the way you were both relating that there was no connection whatsoever. And I felt when I walked in that there was something between us. There was an impulse that we were both following. So that gave me the right to come in and talk to you. Otherwise I would never have felt that I had the right to talk to you or say anything to you. I never would have had the courage to talk to you. And with him I felt there was nothing and I could sense it. When I walked in, I knew I was right. Did you feel that way?

Betsy:
I wouldn’t be here if I didn’t.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Siguen las anotaciones de Harry Haller

Esta mujer, que me había penetrado tan perfectamente, que parecía saber de la vida más que todos los sabios, se dedicaba a ser niña, al pequeño juego de la vida del momento, con un arte que me convirtió desde luego en su discípulo. Y lo mismo da que fuese todo ello alta sabiduría o sencillísima candidez. Quien sabía vivir de esta manera el momento, quien vivía de este modo tan actual y sabía estimar tan cuidadosa y amablemente toda flor pequeña del camino, todo minúsculo valor sin importancia del instante, éste estaba por encima de todo y no le importaba nada la vida. Y esta alegre criatura, con su buen apetito, con su buen gusto retozón, ¿era al propio tiempo una soñadora y una histérica que se deseaba la muerte, o una despierta calculadora que, conscientemente y con toda frialdad quería enamorarme y hacerme su esclavo? Esto no podía ser. No; se entregaba sencillamente al momento de tal suerte, que estaba abierta por entero, lo mismo que a toda ocurrencia placentera, también a todo fugitivo y negro horror de lejanas profundidades del alma y lo gustaba hasta el fin.

Der Steppenwolf - Hermann Hesse

lunes, 1 de diciembre de 2014

Desencuentros.

Cartagena, España. Viernes 22 de Mayo de 1987, 05:47 hs. Simón escribe.
Supongo que los días que no paso pensando en ti, tu lo estas haciendo. Confío en esta idea para que no dejemos de existir. Después de todo, a algo hay que aferrarse para creer en uno mismo. De toda la danza de excusas para aun quererte que hay en mi cabeza, tomo la mas admisible. Aunque ahora que lo pienso, es igual de increíble que las otras. Y a lo mejor estas ahí, pensando en nada y mi ilusión es lo único que mantiene vivo el recuerdo de lo que alguna vez fue real. Te extraño.


Buenos Aires, Argentina. Viernes 22 de Mayo de 1987, 19,38. Olivia escribe.
Ojalá estuvieras acá. La tristeza ya no me deja saber claramente porque nos separamos. Camino nuestros caminos para tratar de dibujarme tu sonrisa en la imaginación, pero el viento se llevó todo. Vuelvo a casa y espero que estés en silencio leyendo el diario en una de las sillas de la cocina y suspirar aliviada. Pero no estas. Hace mucho que ya no estás y me pregunto si aun recuerdas que alguna vez fui tu amor. Cada hora que pasa es como un aniversario. De no verte. Ya se hace de noche otra vez y voy a volver a salir para buscarte.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Manejar en la madrugada.

Amante de los placeres terrenales. Así me describió un compañero cierta vez mientras conversábamos y si leyera esto que escribo sonreiría con razón.
Hay sensaciones que uno experimenta que por su brevedad, o simplemente por no haber sido compartidas, el cuerpo no las recuerda hasta la próxima vez en que se perciben. Tuve hace un tiempo la sagacidad suficiente para anotar en un papel una de ellas y poder evocarla.
Esto me sucedía, usualmente, en noches de entre semana, cuando los trabajadores dormían y las calles estaban desiertas. Ella descendía, cerraba con enfado y yo miraba, estupefacto, como atravesaba el marco de la vieja puerta. Tardaba unos segundos en reaccionar y luego emprendía el camino de regreso a mi hogar. Casi no apoyaba el pie sobre el acelerador, mi marcha era constante e ininterrumpida. Las calles grises coloreadas por el ámbar del viejo alumbrado me conducían a su antojo. Sabía donde iba pero mis movimientos eran automáticos. El manejar comenzaba a hacerse un acto enteramente mecánico, independiente, desprovisto de todo razonamiento. Ya era tarde para librarme del efecto adormecedor del sonido del motor, que me había atrapado. La música comenzaba a filtrarse emotivamente en mis oídos. Sin dudas el confinamiento en este habitáculo aumentaba mi perceptibilidad y mi cerebro cedía el paso a las funciones más intimas del sentir. Advertía, sin ofrecer resistencia, como cada músculo se distendía durante mi involuntaria meditación, al igual que cada uno de mis sentidos. En momentos matemáticamente precisos la velocidad y el tiempo se conjugaban de manera tal que mi coche quedaba inmóvil y observaba el asfalto fluir aprisa por debajo del mismo.
Repentinamente la apática noche cobraba un interés insospechado y el deseo de conducir se acrecentaba conforme recorría caminos. Una sinfonía intermitente de luces amarillas me abría el paso y delineaba el punto de fuga de aquel cautivante cuadro. Intentaba atravesarlo pero cualquier esfuerzo era inútil, solo avanzaba para darme cuenta de que estaba en el mismo sitio. Y otra vez la radio me distraía del trayecto, sin querer cantaba. No ponía empeño en recordar letras pues naturalmente brotaban. El tema era irrelevante, todo tenía sentido. Las líneas blancas en el pavimento atropellaban mis ojos entretanto degustaba con mis oídos la miel de un saxo tenor.
Entendía que el placer se encontraba allí, se limitaba a este solitario momento y se daba únicamente bajo ciertas condiciones. Por más que quisiera reproducirlas artificialmente nada se comparaba con esta ambrosía, la receta era única. Esta planta florecía solo por las noches.
La oscuridad me tranquilizaba en aquella pista de despegue. No temía cerrar mis ojos, no había nada que pudiese sucederme cuando manejaba en la madrugada. Un susurro de viento insistente me contaba historias de lugares lejanos, de gente sin rostro, de colores nuevos. Me reclinaba lentamente en mi nave y escuchaba atentamente. La respiración se ahondaba y el corazón avanzaba a paso de hombre. En este punto deseaba nunca volver a mi planeta y me preparaba seriamente para la vida en el espacio. Ya no había vuelta atrás, el camino era uno y ya no estaba al mando. Primaban los sentidos y desfallecían mis fuerzas, observaba con desmayo como era devorado por un túnel de luz. La turbulencia se hacia intensa, creciente, constante. Tenía la sensación de atravesar los rieles del ferrocarril abordo de un vehículo. Al final de la claridad podía ver claramente mi vereda, mi morada, mi lugar acercándose a velocidades astrales, pero la máquina se detenía.
Un sonido estridente y un escueto mensaje en la pantalla: ¿Llegaste?.

lunes, 20 de octubre de 2014

Pensamientos de un adolescente a sí mismo.

Necesito alejarme. Independizarme. Ver las cosas desde afuera. Valorar lo que tengo. Dejar mi comodidad, ¡no ser tan cómodo!. Perder la comodidad significará darle valor a todo. Saber que algún día las cosas y personas no estarán ahí. Probar la soledad, enfrentarme a ella. Trabajar duro, estudiar en serio. Buscarme, encontrar mi objetivo, definirme. Aplicar lo que sé en un lugar donde sea útil, para los demás y para mí. No encasillar mi futuro pero tampoco estar a la deriva. Saber siempre cual es mi próximo paso aunque sea tomar riesgos. Ganarme las cosas. Lograr. Proponer y lograr. Ser constante, perseverar. Fijar la mirada en un horizonte nítido, luego actuar. Hacer bien, solo bien. Cuando este realmente definido voy a poder saber como ayudar a los demás. Empezar por mi, seguir por mi gente mas cercana. Tomar distancia, no irse. Formar mi vida, no escaparme. Tomar mi camino, no huir. Respetar mis propias decisiones. No desalentarme, no desesperar. Si el objetivo esta claro, los pasos a seguir van a ser claros. De ahí la relevancia. Hoy camino en círculos, estoy encerrado por miedo a perder y  por comodidad. Se entonces que mi próximo paso es alejarme de lo que me ata. De una vez. Esto quizás no tenga vuelta atrás. Hay que hacerlo. Si no sintiera que hay que hacerlo, no escribiría esto. Confiá. Confiá en el yo que escribió hoy esta hoja. Sos vos mismo, pero en el momento de lucidez en el que sabes que debes moverte. Hacelo. Ahora.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Tipo soez.

Volví anoche a un recuerdo etéreo. Yacía desparramado, con mi torso desnudo apoyado en la gélida pared y el mentón pegado al pecho. Mis ojos se trenzaban en triste batalla con mis párpados para intentar divisar algo más allá de mis propios pies.
Afuera era invierno, eso lo sabía. Y adentro mio, quizás también. A juzgar por la cantidad de humo que viciaba el aire de la pequeña habitación deduje que varias horas de la madrugada habían transcurrido. Mi cinturón desabrochado y la botella vacía de Llave se teñían de azul, al igual que todo objeto que alcanzara la luz que aquel televisor de doce pulgadas, en modo vídeo, emitía. Todo lo que, con dificultad, lograba ver aparecía como mágicamente y se evaporaba desenfocado o consumido en la oscuridad de un pestañeo. Distinguí aquellas anónimas piernas que marcaban el ritmo de cierto rock indie y, latentemente, recuerdo mi esfuerzo por ponerles nombre. Miraba como hipnotizado el movimiento que los pies describían: las puntas fijas y los talones trazando un arco sincrónica y repetitivamente. Cada tanto, ambos se despegaban algunos centímetros del piso. Mientras más fijaba la mirada, más me sumía en aquel letargo que no parecía tener fin. Ni siquiera la brasa de ese cigarro perforando la alfombra logró sobresaltarme.
Realmente ocupaba mi mente tratar de descubrir junto a quién compartía mi soledad. Aquello era, entendí, una reunión de dos almas desoladas intentando no caer en el olvido, intentando no disolverse en la desesperanza de una noche agría. El recuerdo como bandera y excusa para el reencuentro. Lascivia y demás vicios como maquillaje de un carente sentimiento verdadero.
Compartir la intimidad con un forastero puede originar sensaciones encontradas y ahí me hallaba, reconfortando transitoriamente el desconsuelo pero ahondando el vacío; socavando mis principios pero destiñendo la aflicción. Salaba mis heridas, dolía pero cicatrizaban. Y era el mejor camino.
Reaccioné súbitamente intentando llenar de aire mis pulmones mientras con asombro y desprecio observaba mis alrededores. Mis sentidos se rebelaron como exhortandome a levantarme y, junto a mi conciencia, lo lograron.
La condensación en el álgido ventanal caía en lagrimas que completaban la marchita atmósfera, mientras en un lejano rincón de la urbe brotaban los rayos que me harían emigrar cual rata a su madriguera.

lunes, 18 de agosto de 2014

Castillos de arena.

Tu imagen se desvanece, se desdibuja. Intento recordarte y mirarte a los ojos en mi pensamiento pero es imposible a través del humo espeso. Creo ver tu silueta recortada por las luces del escenario pero es sólo otro espectro. Tengo la certeza de a ratos de que caminas hacia acá, de que venís a mi encuentro. Fijo la mirada y son solo cenizas que se arremolinan cortejando mi ilusión, jugando con mis ganas, apuñalandome la razón. Y vuelvo atrás, empiezo donde ya lo hice antes. Creo en vos y en tu interpretación de la vida, me hago nuevamente protagonista de la historia que hábilmente entretejiste y dejo llevarme por el perfume de una flor de papel. Entiendo a la perfección lo que propones y ejecuto a tu criterio porque voy ciego en confianza de tu ser. No cuestiono, ni siquiera hablo. Te sigo directo a la tormenta, empecinado. Tardo en reaccionar y, sin darme cuenta, yo estoy al frente. Pisando el hielo fino de este lago negro, te obligo a seguirme. Vos me trajiste hasta acá, no abandones. Mirás para abajo, esquivándome. Buscas tierra firme pero ya es de noche y, ambos perdidos, nos soltamos la mano. Me duermo a tu lado pero el frío es intenso. El sueño es alivio y lugar ideal para el encuentro, allí todo es posible a pesar de lo malo. Pero la lucidez de la mañana me recuerda, mientras miro tu serio semblante dormido, que tus castillos son de arena, que el guión es el mismo y que la inspiración ya se ha ido...

lunes, 21 de julio de 2014

El tiempo se mide en porrones.

El arte de perder el tiempo. Pero no de malgastarlo, perderlo solo perderlo. Dejar que discurra cual arroyo y que en la misma agua se ahoguen las penas de un día gris, o tal vez de una semana, ¿o será de toda la vida?. Y tampoco, quizás, sea agua. Quizás sea alcohol. Si, ¿por qué no?, un arroyo de alcohol o también un mar. Un mar infinito de alcohol donde se ahogan penas y se pierde el tiempo.
Mis amigos: los artistas. Los artistas del octavo arte, el arte de disfrazar el tiempo a su antojo. Individuos peculiares, únicos y en constante renuencia de la subordinación que la vida supone. Si hay algo que realmente conocen son las sendas del desconcierto, entienden a la perfección por donde llevar lo indeseable, saben como marear a la desesperanza y gambetear la derrota. Tienen cualidades muy distintas pero un objetivo muy claro, ellos defienden a muerte la satisfacción, la alegría de estar juntos. Cuentan con armas inofensivas pero altamente efectivas y hablo de la risa, de la emoción y de la gracia. Armas que hoy se infiltran en estas palabras porque mientras escribo puedo escuchar la algazara en la madrugada que despierta jubilados, los mismos que al otro día se quejarán de los malditos trasnochados que interrumpieron su sueño. Perdónenlos porque, aunque desde afuera no parezca, ellos están luchando. A capa y espada enfrentan la parte amarga de la propia vida y por nada en este mundo permitirán que una pena se introduzca en este íntimo rincón. Estos seres desarrollaron la agudeza en el humor y la disposición al buen vivir más que cualquier otra virtud, encendieron con su chispa una luz que para mí hoy brilla más que ninguna. Me entregan desinteresadamente las anécdotas que a mis nietos repetiré cuando en mi senil recuerdo evoque series de eternas carcajadas, fascinantes ocurrencias o acaso las más ingeniosas formas de burlar al tiempo.
Ellos, destructores de la preocupación y arquitectos del deleite, con sus mañas y habilidad, manejando a gusto lo que para otros es implacable, no argumentan en contra de la inflexibilidad de la existencia y con desparpajo me proponen: ¿un porrón más?.


Oportunidades.

Sí, hablo de esa fusión de circunstancias en el tiempo y lugar determinados por única vez la vida. Un concepto tan efímero como intangible, escurridizo, tan extraordinariamente singular y dependiente de tal cantidad de factores que no podríamos encontrar dos iguales en toda la historia.
Me gusta pensarlas como momentos especialmente generosos que se presentan de forma esporádica ante nosotros pero que, sin embargo, no revisten importancia intrínseca. Mas si lo hacen las decisiones posteriores al surgimiento de la oportunidad en cuestión. Digo, pues, que las chances tienen fecha de caducidad e inequívoco direccionamiento. Que si uno no hace lucro de las mismas, ya no habrá vuelta atrás y que ellas son los atajos que nos brinda el destino para llegar a lugares donde realmente vamos a querer estar. Claro está que esto no se enseña en la escuela y que, en más de una ocasión, haremos caso omiso de ese guiño que se nos ofrece. Lo penoso no llega hasta que el iluso cae en consideración de lo que ha desperdiciado. También es curioso ver que quien ha hecho usufructo no suele ser totalmente consciente del mismo hasta no contrastar su suerte con la ajena o la suya precedente. Precisamente aquí reside, para uno, lo llamativo del asunto: Las oportunidades no se ven venir ni tampoco se las ve irse; sólo el tiempo, lentamente muestra, si hemos acertado.

domingo, 6 de julio de 2014

No aclares que oscurece.

Este es el reflejo de lo que en mi suscita la contemplación del mundo. Definiendo reflejo como la expresión de mis sentimientos por medios artísticos. Definiendo contemplación como fascinación exacerbada por los sucesos que a mi alrededor acontecen. Definiendo mundo como el espacio físico que mis pares y yo habitamos, la infinidad de relaciones y reacciones posibles entre nosotros, y las consecuencias que ellas desencadenan.
Cuanto cuesta la neutralidad. No puedo más que admirar a aquel que controla su opinión, que se conoce y no se traiciona, que escucha y no atropella con palabras, que maneja sabiamente la paciencia. Cuanto cuesta no aferrarse al dictamen. Maravilla quien bajó a tiempo de su arrogancia para encomendarse al aprendizaje. Cuanto cuesta no intervenir. La sapiencia del que entiende que un consejo se ofrece desde la humildad, desde la propia vivencia.
Me costó el tiempo de mi existencia todo, hasta este día, darme cuenta del fastidio que produce esta manera de ver la vida. El hecho de buscar permanentemente sentido a cada evento termina por destruir la esperanza de una persona, de a poco uno se convierte en un intolerante de la incertidumbre que, al fin y al cabo, es una de las principales características de la existencia humana. Será cuestión de abandonar la búsqueda de firmes convicciones, de certezas y permitirse esperar que simplemente se presenten. Negarse a ser esclavo de lo resuelto, atribuir valor a cada momento o tomar el goce como la unidad de medida de ellos. Sucumbir a la relatividad de estar presente, agradecer de aquí yacer. Debería asimismo suspender la vehemencia de esta explicación si pretendo hacer honor de lo antedicho, pero que complejo se me hace...
Nací así. Esta peculiaridad de desmenuzar cada episodio y de dejar mi vida en ello que antaño consideré virtud hoy es mi fantasma. Me persigue, me asegura claramente en mohínos rostros que el camino es otro. Gracioso este último término, ya que otro es también quien impulsa estas palabras porque es a quien llegan las acciones, es en quien reverbera esa labor y es quien me demuestra el hastío que termina por inspirar el cambio.

sábado, 3 de mayo de 2014

Wisdom.


All men fear death. It's a natural fear that consumes us all. We fear death because we feel that we haven't loved well enough or loved at all, which ultimately are one and the same. However, when you make love with a truly great woman, one that deserves the utmost respect in this world and one that makes you feel truly powerful, that fear of death completely disappears. Because when you are sharing your body and heart with a great woman the world fades away. You two are the only ones in the entire universe. You conquer what most lesser men have never conquered before, you have conquered a great woman's heart, the most vulnerable thing she can offer to another. Death no longer lingers in the mind. Fear no longer clouds your heart. Only passion for living, and for loving, become your sole reality. This is no easy task for it takes insurmountable courage. But remember this, for that moment when you are making love with a woman of true greatness you will feel immortal.

miércoles, 9 de abril de 2014

De la noción a la canción.

Es la propia experiencia la única declaratoria de aprendizaje en la vida, y quien se atreva a desafiar este propuesto se las verá con mi argumento. El momento del descubrimiento es para el hombre algo único, no hay sensación comparable a la de encontrar una certeza perdida en nuestros días. Ese razonamiento que crece en nuestras almohadas para llegar a ser el sendero por el que transitarán nuestras convicciones mañana, un día no existió. Quien habitúa vagar por su mente y ser hermano del insomnio entenderá estas palabras. Desperté un día creyendo que era prisionero de mi sinapsis y, para no ser tan general, me limité a los pensamientos. El énfasis de mi idea se centraba en lo vivido: ¿cómo puede uno probar que conoce sin haber pasado por una situación en particular?, ¿Acaso sabe alguien de la soledad de las calles de una ciudad con tan solo mirar una foto?, ¿o de la amargura de la pérdida de un ser querido sin haber perdido uno?, ¿o de la satisfacción de un logro sin haber pasado por el esfuerzo?, ¿o del aroma del mar sin sentarse en un puerto?. Pequeños hallazgos recolectados concibiendo mi idea. Situaciones cotidianas por las que pasamos casi sin darnos cuenta, situaciones que quizás no habíamos experimentado o en las que sencillamente no nos habíamos detenido a reflexionar. El simple curso de la vida que nos lleva a todos por caminos tan distintos como parecidos. Forjada mi persona por pequeñas vivencias, aprendí a definir la vida como esta suma de momentos, gratos y no tanto. Y entendí, al fin, que quien quiere, puede; y quien se empeña en cerrar sus ojos, quizás quede ciego. Tales conclusiones echan luz al porque del espontáneo entusiasmo al comprender las flamantes sensaciones que la piel atraviesan y que arroje la primera piedra aquel que no ha puesto su afán, acaso única vez, en explicar lo que sentía a quien procurase mínima atención. Como tratar de explicar la paternidad a un padre, el problema reside en que no a todos nos gusta escuchar y, magra sorpresa, a muchos menos les interesará lo que tenemos para decir. De aquí, de este hecho, esta frustración, esta contención emocional, se da un grandioso nacimiento, el nacimiento de las artes. Todo lo que está dentro necesita salir y eventualmente lo hará. Será en forma de canción, en un óleo surrealista o quizás en esta banal prosa. Cualquiera sea el medio, tarde o temprano, muchos o pocos, pero puedo asegurar que alguien en este mundo habrá notado tu existencia. Viviste para dejar huella y tu experiencia valió. Valga mi interpretación para justificarme cuando me halle caminando solo estos caminos. La historia la crea cada uno, si vienes y me cuentas, tomaré un trago contigo pero no esperes que lo entienda, porque nadie en realidad lo hace. Date el tiempo, relata tu historia imperecedera a través del arte y así nunca morirás, pero mientras tanto disfruta de la compañía de aquel ser que prestó su oreja y pitó a tu lado en silencio, porque sin él tu historia no tendría sentido. Gracias a la desgracia incomunicativa por permitirme disfrutar de la parte mejor de la represión sentimental ajena. Así concluyo mi ensayo antes de desviar estas palabras a vagos delirios, después de todo...¿a quién le importa?



jueves, 3 de abril de 2014

Travel is...

Travel is little beds and cramped bathrooms. It’s old television sets and slow Internet connections. Travel is extraordinary conversations with ordinary people. It’s waiters, gas station attendants, and housekeepers becoming the most interesting people in the world. It’s churches that are compelling enough to enter. It’s McDonald’s being a luxury. It’s the realization that you may have been born in the wrong country. Travel is a smile that leads to a conversation in broken English. It’s the epiphany that pretty girls smile the same way all over the world. Travel is tipping 10% and being embraced for it. Travel is the same white T-shirt again tomorrow. Travel is accented sex after good wine and too many unfiltered cigarettes. Travel is flowing in the back of a bus with giggly strangers. It’s a street full of bearded backpackers looking down at maps. Travel is wishing for one more bite of whatever that just was. It’s the rediscovery of walking somewhere. It’s sharing a bottle of liquor on an overnight train with a new friend. Travel is 'Maybe I don’t have to do it that way when I get back home'.

Isn't it pretty to think so? - Nick Miller

domingo, 9 de febrero de 2014

Su salida.


Un ser melancólico que escribía en los momentos de mayor agobio. Usaba la escritura como un escape, como la droga que su cuerpo demandaba tras larga abstinencia. A través de su lápiz fluía la sangre con la que trazaba la hoja virgen y daba rienda suelta a esa cascada de sentimientos que sobrevenían. Cuando no escribía, pensaba en ello y cuando escribía, no pensaba. Costaba romper la burbuja que solo lo contenía a él y a su cuaderno. Desde allí adentro todo lo demás era monotonía y el final de la hoja, su única distracción. Una actividad simple para curar problemas tan complejos como el mismísimo sentido de la vida. Y es que algunos no necesitan de más: escribir y leer es escucharse a sí mismo, es terapia de a uno, es mirarse a un espejo. Hoy escribe por la lluvia y mañana por lo mismo, cualquiera es la excusa, lo importante es lo vivido. Tratar de explicar su laberinto mental a personas invisibles que jamás leerán lo que nunca fue escrito, porque al final solo importa ser querido. ¿Dónde esta la felicidad de conocerse a uno mismo si lo que tenemos no es compartido?. Así era él. Trataba de llegar por caminos desconocidos y mirando hacia atrás...sólo los había recorrido.