Es la propia experiencia
la única declaratoria de aprendizaje en la vida, y quien se atreva a
desafiar este propuesto se las verá con mi argumento. El momento del
descubrimiento es para el hombre algo único, no
hay sensación comparable a la de encontrar una certeza perdida
en nuestros días. Ese razonamiento que crece en nuestras almohadas
para llegar a ser el sendero por el que transitarán nuestras convicciones
mañana, un día no existió. Quien habitúa vagar
por su mente y ser hermano del insomnio entenderá estas palabras. Desperté
un día creyendo que era prisionero de mi sinapsis y, para
no ser tan general, me limité a los pensamientos. El énfasis de
mi idea se centraba en lo vivido: ¿cómo puede uno probar que conoce sin
haber pasado por una situación en particular?, ¿Acaso sabe alguien de
la soledad de las calles de una ciudad con tan solo mirar una foto?, ¿o de la
amargura de la pérdida de un ser querido sin haber perdido uno?, ¿o de
la satisfacción de un logro sin haber pasado por el esfuerzo?, ¿o del
aroma del mar sin sentarse en un puerto?. Pequeños
hallazgos recolectados concibiendo mi idea. Situaciones cotidianas por las que
pasamos casi sin darnos cuenta, situaciones
que quizás no habíamos experimentado o en las
que sencillamente no nos habíamos detenido a reflexionar. El
simple curso de la vida que nos lleva a todos por caminos tan distintos como
parecidos. Forjada mi
persona por pequeñas vivencias, aprendí a definir la vida
como esta suma de momentos, gratos y no tanto. Y entendí, al
fin, que quien quiere, puede; y quien se empeña en cerrar sus ojos,
quizás quede ciego. Tales
conclusiones echan luz al porque del espontáneo entusiasmo al comprender las
flamantes sensaciones que la piel atraviesan y que arroje la primera piedra
aquel que no ha puesto su afán, acaso única vez, en explicar lo
que sentía a quien procurase mínima atención. Como tratar
de explicar la paternidad a un padre, el problema reside en que no a todos nos
gusta escuchar y, magra sorpresa, a muchos menos les interesará lo que tenemos
para decir. De aquí, de este hecho, esta frustración, esta contención
emocional, se da un grandioso nacimiento, el nacimiento de las artes. Todo lo
que está dentro necesita salir y eventualmente lo hará. Será en forma de
canción, en un óleo surrealista o quizás en esta banal prosa. Cualquiera sea el
medio, tarde o temprano, muchos o pocos, pero puedo asegurar que alguien en
este mundo habrá notado tu existencia. Viviste para dejar huella y tu
experiencia valió. Valga mi interpretación para justificarme cuando
me halle caminando solo estos caminos. La historia la crea cada uno, si vienes
y me cuentas, tomaré un trago contigo pero no esperes que lo entienda, porque
nadie en realidad lo hace. Date el tiempo, relata tu historia imperecedera
a través del arte y así nunca morirás, pero mientras
tanto disfruta de la compañía de aquel ser que prestó su oreja y pitó a tu
lado en silencio, porque sin él tu historia no tendría sentido.
Gracias a la desgracia incomunicativa por permitirme disfrutar de la parte
mejor de la represión sentimental ajena. Así concluyo mi ensayo antes de desviar
estas palabras a vagos delirios, después de todo...¿a quién le importa?
