Grande

miércoles, 9 de abril de 2014

De la noción a la canción.

Es la propia experiencia la única declaratoria de aprendizaje en la vida, y quien se atreva a desafiar este propuesto se las verá con mi argumento. El momento del descubrimiento es para el hombre algo único, no hay sensación comparable a la de encontrar una certeza perdida en nuestros días. Ese razonamiento que crece en nuestras almohadas para llegar a ser el sendero por el que transitarán nuestras convicciones mañana, un día no existió. Quien habitúa vagar por su mente y ser hermano del insomnio entenderá estas palabras. Desperté un día creyendo que era prisionero de mi sinapsis y, para no ser tan general, me limité a los pensamientos. El énfasis de mi idea se centraba en lo vivido: ¿cómo puede uno probar que conoce sin haber pasado por una situación en particular?, ¿Acaso sabe alguien de la soledad de las calles de una ciudad con tan solo mirar una foto?, ¿o de la amargura de la pérdida de un ser querido sin haber perdido uno?, ¿o de la satisfacción de un logro sin haber pasado por el esfuerzo?, ¿o del aroma del mar sin sentarse en un puerto?. Pequeños hallazgos recolectados concibiendo mi idea. Situaciones cotidianas por las que pasamos casi sin darnos cuenta, situaciones que quizás no habíamos experimentado o en las que sencillamente no nos habíamos detenido a reflexionar. El simple curso de la vida que nos lleva a todos por caminos tan distintos como parecidos. Forjada mi persona por pequeñas vivencias, aprendí a definir la vida como esta suma de momentos, gratos y no tanto. Y entendí, al fin, que quien quiere, puede; y quien se empeña en cerrar sus ojos, quizás quede ciego. Tales conclusiones echan luz al porque del espontáneo entusiasmo al comprender las flamantes sensaciones que la piel atraviesan y que arroje la primera piedra aquel que no ha puesto su afán, acaso única vez, en explicar lo que sentía a quien procurase mínima atención. Como tratar de explicar la paternidad a un padre, el problema reside en que no a todos nos gusta escuchar y, magra sorpresa, a muchos menos les interesará lo que tenemos para decir. De aquí, de este hecho, esta frustración, esta contención emocional, se da un grandioso nacimiento, el nacimiento de las artes. Todo lo que está dentro necesita salir y eventualmente lo hará. Será en forma de canción, en un óleo surrealista o quizás en esta banal prosa. Cualquiera sea el medio, tarde o temprano, muchos o pocos, pero puedo asegurar que alguien en este mundo habrá notado tu existencia. Viviste para dejar huella y tu experiencia valió. Valga mi interpretación para justificarme cuando me halle caminando solo estos caminos. La historia la crea cada uno, si vienes y me cuentas, tomaré un trago contigo pero no esperes que lo entienda, porque nadie en realidad lo hace. Date el tiempo, relata tu historia imperecedera a través del arte y así nunca morirás, pero mientras tanto disfruta de la compañía de aquel ser que prestó su oreja y pitó a tu lado en silencio, porque sin él tu historia no tendría sentido. Gracias a la desgracia incomunicativa por permitirme disfrutar de la parte mejor de la represión sentimental ajena. Así concluyo mi ensayo antes de desviar estas palabras a vagos delirios, después de todo...¿a quién le importa?



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