Grande

lunes, 18 de agosto de 2014

Castillos de arena.

Tu imagen se desvanece, se desdibuja. Intento recordarte y mirarte a los ojos en mi pensamiento pero es imposible a través del humo espeso. Creo ver tu silueta recortada por las luces del escenario pero es sólo otro espectro. Tengo la certeza de a ratos de que caminas hacia acá, de que venís a mi encuentro. Fijo la mirada y son solo cenizas que se arremolinan cortejando mi ilusión, jugando con mis ganas, apuñalandome la razón. Y vuelvo atrás, empiezo donde ya lo hice antes. Creo en vos y en tu interpretación de la vida, me hago nuevamente protagonista de la historia que hábilmente entretejiste y dejo llevarme por el perfume de una flor de papel. Entiendo a la perfección lo que propones y ejecuto a tu criterio porque voy ciego en confianza de tu ser. No cuestiono, ni siquiera hablo. Te sigo directo a la tormenta, empecinado. Tardo en reaccionar y, sin darme cuenta, yo estoy al frente. Pisando el hielo fino de este lago negro, te obligo a seguirme. Vos me trajiste hasta acá, no abandones. Mirás para abajo, esquivándome. Buscas tierra firme pero ya es de noche y, ambos perdidos, nos soltamos la mano. Me duermo a tu lado pero el frío es intenso. El sueño es alivio y lugar ideal para el encuentro, allí todo es posible a pesar de lo malo. Pero la lucidez de la mañana me recuerda, mientras miro tu serio semblante dormido, que tus castillos son de arena, que el guión es el mismo y que la inspiración ya se ha ido...

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