Este es el reflejo de lo que en mi suscita la contemplación del mundo. Definiendo reflejo como la expresión de mis sentimientos por medios artísticos. Definiendo contemplación como fascinación exacerbada por los sucesos que a mi alrededor acontecen. Definiendo mundo como el espacio físico que mis pares y yo habitamos, la infinidad de relaciones y reacciones posibles entre nosotros, y las consecuencias que ellas desencadenan.
Cuanto cuesta la neutralidad. No puedo más que admirar a aquel que controla su opinión, que se conoce y no se traiciona, que escucha y no atropella con palabras, que maneja sabiamente la paciencia. Cuanto cuesta no aferrarse al dictamen. Maravilla quien bajó a tiempo de su arrogancia para encomendarse al aprendizaje. Cuanto cuesta no intervenir. La sapiencia del que entiende que un consejo se ofrece desde la humildad, desde la propia vivencia.
Me costó el tiempo de mi existencia todo, hasta este día, darme cuenta del fastidio que produce esta manera de ver la vida. El hecho de buscar permanentemente sentido a cada evento termina por destruir la esperanza de una persona, de a poco uno se convierte en un intolerante de la incertidumbre que, al fin y al cabo, es una de las principales características de la existencia humana. Será cuestión de abandonar la búsqueda de firmes convicciones, de certezas y permitirse esperar que simplemente se presenten. Negarse a ser esclavo de lo resuelto, atribuir valor a cada momento o tomar el goce como la unidad de medida de ellos. Sucumbir a la relatividad de estar presente, agradecer de aquí yacer. Debería asimismo suspender la vehemencia de esta explicación si pretendo hacer honor de lo antedicho, pero que complejo se me hace...
Nací así. Esta peculiaridad de desmenuzar cada episodio y de dejar mi vida en ello que antaño consideré virtud hoy es mi fantasma. Me persigue, me asegura claramente en mohínos rostros que el camino es otro. Gracioso este último término, ya que otro es también quien impulsa estas palabras porque es a quien llegan las acciones, es en quien reverbera esa labor y es quien me demuestra el hastío que termina por inspirar el cambio.
Me costó el tiempo de mi existencia todo, hasta este día, darme cuenta del fastidio que produce esta manera de ver la vida. El hecho de buscar permanentemente sentido a cada evento termina por destruir la esperanza de una persona, de a poco uno se convierte en un intolerante de la incertidumbre que, al fin y al cabo, es una de las principales características de la existencia humana. Será cuestión de abandonar la búsqueda de firmes convicciones, de certezas y permitirse esperar que simplemente se presenten. Negarse a ser esclavo de lo resuelto, atribuir valor a cada momento o tomar el goce como la unidad de medida de ellos. Sucumbir a la relatividad de estar presente, agradecer de aquí yacer. Debería asimismo suspender la vehemencia de esta explicación si pretendo hacer honor de lo antedicho, pero que complejo se me hace...
Nací así. Esta peculiaridad de desmenuzar cada episodio y de dejar mi vida en ello que antaño consideré virtud hoy es mi fantasma. Me persigue, me asegura claramente en mohínos rostros que el camino es otro. Gracioso este último término, ya que otro es también quien impulsa estas palabras porque es a quien llegan las acciones, es en quien reverbera esa labor y es quien me demuestra el hastío que termina por inspirar el cambio.
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